Antes de nada, gracias a todos aquellos que se han acordado, a los que se acordarán a lo largo de la semana, a los que no lo sabían y habrían querido acordarse y a los que se sientan mal por haberse olvidado.Siempre he pensado que un cumpleaños en sí mismo no significa nada. Ni para bien ni para mal. No he mudado la piel ni he sentido nada especial. Por eso no soy de los que lo pregonan a los cuatro vientos. Al fin y al cabo es un día más. Pero claro, no puedes llegar un día cualquiera y decirle a alguien: -"Felicidades por aguantar 26 años, 5 meses y 1 día vivo!" porque te mira mal. No. Tiene que ser un período redondo. Si no, no vale. Es algo así como lo de la Navidad, o el día de la Madre, que te portas bien esos días y ya está. Pero claro, siempre es mejor celebrar el cumpleaños porque así te aseguras unos regalitos y si no lo haces igual no te cae nada en todo el año.
A mi lo que me gusta son esos pequeños detalles de alguien de quien pensabas que ni se acordaba de ti y te sorprende con un "Felicidades! a ver si te llamo un día de estos y tomamos algo". Efectivamente, no vuelves a saber de esa persona hasta que le envías un sms por navidades o fin de año, pero al menos te da para recordar cuando andabas a otras cosas. O ver que alguien se preocupa de buscar una foto tuya para felicitarte, o para que otros lo hagan. O se molesta en colgar ya 2 días antes una silueta tuya en su blog (que se ha notado mucho que era yo, hombre...). Y vas sumando llamadas, y mensajes, y hasta dibujos y ves que en un sólo día has dado un estirón. Un pequeño empujoncito. Ahora sólo falta mantener el ritmo.

